En una velación privada, la familia tiene derecho a establecer quién puede despedirse. No es un privilegio que otorgue la funeraria: es un derecho fundamental. Cuando una familia acuerda quién podrá ver al difunto, esa decisión debe ser respetada completamente, sin interferencias ni imposiciones del personal.
Erika Ortiz vino a Pilar Funeral Home en Garland después de que su primo muriera en un accidente. La familia solicitó una visita privada de 1 a 2 de la tarde. Su tía, la madre del difunto, quería que toda la familia que lo deseara pudiera verlo. Pero la funeraria limitó el acceso: no permitieron que Erika y otros vieran al primo hasta las 1:45, dejando solo 15 o 20 minutos antes de que comenzara la visita pública. Cuando la tía pidió explicaciones al dueño, no hubo respuesta clara. Peor aún: la funeraria tomó la decisión de permitir que solo 4 personas vieran al difunto, personas que ni siquiera eran familiares directos.
"La funeraria quitó la última esperanza de toda persona que quería verlo y decir adiós. Tomaron el derecho de cierre emocional de nuestra familia." — Erika Ortiz, sobre Pilar Funeral Home
Cuando contrates servicios de velación, clarifica por escrito quién será permitido en la sala privada y durante cuánto tiempo. Si la funeraria intenta limitar el acceso sin razón médica, ten la conversación directamente con el propietario antes de la velación. La tía o el responsable familiar debe tener la última palabra sobre quién despide al difunto, no la funeraria.