Un suicidio es trauma. Las familias están destrozadas, en shock, buscando respuestas que no existen. El personal de la funeraria, en esos momentos, puede ser muro o puente. En Fredericksburg TX, una familia esperaba muro y recibió algo aún peor.
"Mr. Beckmann decided it to be appropriate to make a 'joke' that went something like this, 'we don't usually burn this many candles, but because of the smell (of your dads body), we have no choice, haha.' He literally laughed out loud... the man who is responsible for maintaining a professional attitude and gentle approach to the families dealing with their loss decided to make light of our situation merely days after my fathers passing. On top of all of this, he rushed us out because '...here shortly I have a party that I'm hosting.'"
— Traci Dodds, sobre Fredericksburg Funeral Home
Lo que pasó aquí es sencillo: un agente licenciado no hizo su trabajo. No cuidó. No respetó. Hizo bromas sobre el cuerpo, deshumanizó a quien murió, apuró a la familia porque tenía "una fiesta". Eso no es excepción manejable; es ausencia total de empatía.
Pregunta de entrada: "¿Cuál es su protocolo si la situación es sensible o compleja?" Una respuesta reflexiva, cuidadosa, que reconozca la gravedad, es lo que buscas. Si sientes que tu dolor no es respetado en la primera llamada, busca otra funeraria. Tu familia merece empatía real, no tolerancia fría.